RESEÑA HISTORICA.
Se puede decir que la España medieval empieza por un lado con la aparición de un reino cristiano en Asturias y su orientación hacía Francia y Alemania.
Alfonso II (791-842), que reinaba cuando se descubrió el sarcófago de mármol de
Santiago, veneró los restos del cuerpo y construyó sobre la tumba una basílica que más
adelante se convertiría en la catedral de Santiago de Compostela. Compostela pasó a ser
en poco tiempo en el mayor santuario de Europa y durante toda la época medieval, el
camino de Santiago se vio recorrido por peregrinos procedentes de todo Occidente. Con
ellos iban artistas, juglares, vihuelistas, poetas y trovadores, de modo que la devoción al
santo dio lugar a uno de los principales intercambios culturales de la Europa Medieval.
Y por otro lado el gran renacimiento artístico y cultural en los reinos árabes y como
consecuencia de estos dos poderes emergentes, un nuevo equilibrio entre el cristianismo
occidental y el Islam.
LA ACTIVIDAD FISICA EN EL AL -ANDALUS.
PREAMBULO.
Con relación al deporte de la España musulmana, podemos decir que hasta hace
muy poco se tenía poca información y sobre todo datos o vestigios que nos pudieran
servir para recuperar parte de esa historia perdida y que sin embargo, según el esplendor
de la cultura árabe y las influencias recibidas (cultura greco-romana y sasánida), se
podría pensar que habría tenido un pasado rico en juegos y diversiones deportivas.
Sorprende comprobar como de la cultura árabe no ha quedado nada relacionado con el
mundo del juego (ni en las tradiciones orales ni en las tradiciones escritas). Una
hipótesis a este hecho pudiera ser la prohibición que de forma progresiva se hizo de las
costumbres y diversiones de los moriscos, una vez que los territorios eran conquistados,
sabiendo la relación que siempre han tenido las fiestas con los rituales religiosos.
DiegoHurtado de Mendoza, en su obra “Guerra de Granada”, libro I, Lisboa, 1627, nos señala lo siguiente: “El rey les mandó dejar el habla morisca, quitóles el hábito morisco y hubo fama que les mandaban tomar los hijos y pasarlos a Castilla, vedáronles los baños, la música, cantares, fiestas, bodas y cualquier justas y pasatiempos”.
EL JUEGO DEPORTIVO EN LA ESPAÑA MUSULMANA.
Dada la amplitud del periodo medieval y sus diferentes afecciones, daremos el tratamiento de juego lúdico-deportivo como actividad física relevante de la época, además de adentrarnos en anécdotas y costumbres de relevancia que nos hacen ver en qué condiciones y manera se encontraba la sociedad en la época y su relación con la actividad físico-lúdica de este periodo.
LA CAZA.
Además de las fiestas específicamente religiosas, reflejo de los valores espirituales emanados del Islam, en la península ibérica de al-Andalus, se celebraron en distintas épocas dos fiestas estacionales de origen persa que reflejaban los diferentes periodos del año fiscal y agrícola, y que daban lugar a festejos y diversiones en los que participaban todas las capas sociales. En las excavaciones de Almería y la Alhambra de Granada, se encontraron juguetes de terracota o de loza vidriada en forma de caballos o de cuadrúpedos con cabeza pequeña y cuello largo. En una anécdota citada por qadi´ Iyad de Ceuta, se cuenta que el califa omeya´Abd al Rahman había ordenado a los poetas de su corte asistir a las carreras de caballos organizadas con motivo del Mahrayan y participar en justas oratorias; en el siglo XI, el príncipe de Baleares, Mubassar, organizó con ocasión del Mahrayan unas regatas (JUEGOS) Entre los deportes favoritos de los soberanos y de su corte se encontraba la caza. Fuentes iconográficas, cerámicas, textos y crónicas árabes atestiguan que se entregaban con entusiasmo a los placeres de la montería y la cetrería. En las regiones boscosas de Sierra Morena, los Omeya practicaban la caza mayor con jabalíes, ciervos y corzos que los criados dirigían una vez que la jauría de perros acorralaban y por fin eran muertos con un venablo. ´Abd al-Rahman II, había veces que se pasaba una semana persiguiendo a los ciervos en las laderas de Sierra Morena. Para al-Mu´tamid, el amor por la caza era una de las cualidades naturales de los hombres nobles. En 1494, Jerónimo Münzer se quedó maravillado ante la abundancia de caza mayor en las monterías que rodean Granada (osos, jabalíes, ciervos y gamos). En 1499, una ordenanza de Fernando el Católico, prohibía la caza del oso, jabalí y ciervo en un entorno amplio alrededor de Granada.
A menudo se cazaban ciervos en el recinto de la propia Alhambra, como demuestra un texto encontrado en los archivos municipales de Granada. En la sala del Tribunal hay pintado un ciervo acosado por perros de caza, mientras un jinete árabe se dispone a atravesarlo con su lanza. También aparecen en las mismas pinturas de la sala conejos y liebres entre las matas de hierba. Los cronistas mencionan, durante el emirato omeya, las largas cabalgadas de al-Hakan por la campiña cordobesa, donde iban a cazar grullas y animales acuáticos. Abd al-Rahman II cazaba con halcón en el valle del Guadalquivir, zona de paso de las grullas, que era el ave de caza más apreciada desde el siglo IX. En al-Andalus se consumía gran cantidad de aves de caza: perdices, faisanes, patos salvajes, palomas torcaces y ocas salvajes que se cazaban con aves de rapiña como buitres, águilas, sacres, halcones y gerifaltes, siendo el halcón entre todas ellas el ave de presa más utilizado. La cría de halcones tuvo un gran auge en la península Ibérica, destacando la variedad que se criaba en Niebla. Cerca de Lisboa, así como los de las islas Baleares. De lo popular que fue la cetrería dan fe diversos textos y en la toponimia de la península encontramos su huella en los barrios de la Alhambra, Antequera y Baena, donde existían barrios conocidos como "el barrio de los halconeros". Abderraman III (912-961) se le llamaba el sacre coraixita y se conocen varios poemas dedicados a los halcones. En una caja cilíndrica de marfil del siglo XII que se encuentra en el Louvre, aparecen representadas partidas de caza con aves de presa. Boabdil, exilado en las Alpujarras, cazaba todos los días con sus azores, en los campos de Dalías, durante el mes de diciembre de 1492. Los árabes de condición humilde utilizaban gavilanes y empleaban ballestas en lugar de lanzas.
EL POLO.
Tanto durante el emirato como bajo el califato de Córdoba, los nobles se
entregaban a una de sus distracciones favoritas: el polo. Al-Hakam I fue un experto en
este juego y pese a la total ausencia de textos, es de suponer que este juego se mantuvo
en tiempo de los reinos de taifas. El arte de la equitación y las carreras no se difunden en al- Andalus hasta después del siglo X. Experimentó auge en época de los reyes de taifas y los nasríes lo convirtieron en su pasatiempo favorito. Muhammad IV era un buen jinete y conocedor de las características de los caballos de pura sangre.
Según los poemas de Ibn Zamrak, Muhammad IV asistía con frecuencia a las carreras de caballos. Durante el reinado de al-Hakam II se compraba regularmente caballos en el litoral atlántico de Marruecos; el historiador Ibd Hayyan nos cuenta la llegada a Madinat al-Zahra de potros y potrancas procedentes de esta región. En tiempo de al-Mansur se consiguieron caballos de las remontas gubernamentales situadas en las islas del valle inferior del Guadalquivir. De la época de al-Hakam II, tenemos detalles de los arreos de las cabalgaduras. Se utilizaban dos clases de sillas, la andaluza y la africana, siendo esta última la que se generalizó a partir de la dictadura ´amiri. No se sabe con precisión la fecha exacta de la aparición de la silla con perilla y borrén elevados. Este sistema se utilizó en la España musulmana hasta el reinado de Muhammad I. Sin embargo Ibn al- Jatib asegura que Abu Sa´id Faray (muerto en 1302) ya cabalgaba a la jineta. En el siglo XIV, Enrique IV rey de Castilla, montaba a la jineta, al igual que su guardia personal.
Más tarde, la caballería española equipada a la jineta en el transcurso de las guerras
franco-españolas, venció a los soldados que iban armados de pesadas armaduras y
cargados de lanzas. La monta a la jineta hizo que se modificaran la fabricación de los
tipos de espadas: más delgadas y cortas, y con una empuñadura más pesada que
facilitaba su manejo.
LA DANZA.
En cuanto a la música y la danza, aunque estuvo muy restringida, se practicaba en todos los festejos y celebraciones. Así en el transcurso de las fiestas nocturnas organizadas por la Ja ssa en Córdoba, Sevilla y otras ciudades, se obsequiaba a los invitados con un espectáculo de cante y baile a los sones de una orquesta formada por hombres y mujeres.
Durante el emirato y el califato, la corte omeya asistía a sesiones de música y danza en los que una sencilla flauta acompañada de una pandereta marcaban la melodía y el ritmo. Una esclava cantante procedente de Córdoba y vendida a Hudayl Ibn Razin, príncipe de la Sahla por tres dinares, era además una excelente calígrafa, con una dicción muy pura y sobresalía en el manejo de las armas, en los ejercicios acrobáticos con escudos de cuero y en los juegos malabares con sables, lanzas y puñales afilados. Al - Sagundi, atribuyó las mismas cualidades a las bailarinas de Úbeda:
"También había en Ubeda ciertas histriónicas y bailarinas célebres por la viveza de su ingenio y por su arte, pues son las más hábiles criaturas de Dios en esgrimir espadas, manejar dados y cubiletes y en otras especies de juegos de manos, pasapasa y nexos de danzantes y mascaradas”.
En los prolegómenos de Ibn Jaldun, nos relata que en la España musulmana se sentía gran interés por los accesorios:
“ Se atan unas figuras de caballos de madera, ensillados, a los faldones de las
chaquetas que llevan las mujeres. Estas simulan montar los caballos, atacan, huyen y
luchan entre sí".
En las plazas, gentes de la ciudad y del campo se agolpaban en torno a
faranduleros, funánbulos y equilibristas. En Sevilla, Córdoba y Almería, los
malabaristas participaban en las diversiones de los príncipes, amenizándolas con trucos
y ejercicios circenses; también había prestidigitadores, presentadoras de sombras
chinescas, ventrílocuos y escamoteadores. En un lugar conocido como la Tabla (llamada
en la actualidad puerta de los siete suelos), en la Alhambra de Granada se desarrollaban
torneos y actos solemnes como el que se celebró en 1477, donde el sultán Abu al-
Hassan y su séquito asistieron a las evoluciones de la caballería y admirar la habilidad
de los cenetas.
LOS BAÑOS.
Los baños públicos, adaptación musulmana de las termas romanas, fueron muy populares en la península ibérica desde la alta Edad Media. La cantidad de
restos de baños musulmanes que aún quedan, son una muestra de lo que realmente
existió. En Córdoba hubo entre trescientos y seiscientos baños públicos a finales del
siglo X. Entre el personal había masajistas, mozos de baños vestidos tan sólo con
taparrabos; en la entrada, un encargado vendía a los bañistas tierra de batán que
utilizaban para lavarse el pelo; también se podían alquilar batas de baño y toallas. Los
que acudían a los baños se desnudaban en una primera sala con cabinas y colgaban sus
ropas en un guardarropa. Después pasaban a la sala fría (frigidarium), que tenía una
alberca; esta sala se adornaba a veces con estatuas de mármol, como las termas
romanas procedentes de las ruinas de Mérida o de Itálica; a continuación se pasaba a la
sala templada (tepidarium) y después a la sala caliente (caldarium) que era doble: en la
primera habitación, los bañistas se hacían enjabonar y friccionar por los mozos y los
masajistas en dos alcobas provistas de bancos de piedra; la segunda habitación daba a la
sala de calderas, de donde se sacaba agua en cubos de madera. Una pequeña habitación
añadida sobre la sala de calderas se habilitaba para la letrina. En el siglo XIV, el
apodyterium, cantado por los poetas hispanos-musulmanes en el periodo de los reinos
de taifas, se convirtió en una sala para descansar, donde se tumbaban los bañistas en
colchonetas en una galería situada a su alrededor. En los baños de la Alhambra, esta
habitación decorada con cerámica, madera y estuco esculpido, se transformó en una
gran sala con un patio central con columnas; el agua caliente y fría corría por dos
estanques de mármol. La gente del mundo rural utilizaba también los baños con
regularidad. El viajero al-Idrisi nos cuenta de la existencia de baños en el Aljarafe de
Sevilla. Cerca de Valencia se han encontrado unas termas en Torres, seguramente del
siglo XIII. Hay que señalar que los baños públicos estaban también muy extendidos
entre los cristianos y judíos como entre los mudéjares, sobre todo entre los siglos XII y
XIV, donde ir a los baños fue una costumbre habitual tanto en la España cristiana como
en el al-Andalus.
Los baños públicos eran por lo general de propiedad real y a veces de las ciudades o de particulares. La estructura de los baños cristianos era la misma que la de los musulmanes, como se puede comprobar en los baños de Barcelona del siglo XII.
Musulmanes granadinos construyeron los baños reales del palacio de Tordesillas, siendo rey Alfonso XI (1340). En Toledo, los baños estaban en plena judería, cerca de la sinagoga de Santa María la Blanca. A partir del siglo XII aparecen una serie de disposiciones para el uso de los baños municipales por los fieles de las tres religiones; en Tortosa según el libro de las Costumbres (¿1297 ?), dice que: sarracenos, judíos y
cristianos podrían bañarse día y noche "sin reserva de días especiales". En pleno siglo XIV, los baños públicos de Mallorca y Madrid, situados en las proximidades de San Pedro, estaban arrendados a mujeres mudéjares. A partir del reinado de Alfonso X el Sabio, la España cristiana deja de utilizar los baños por considerar esta costumbre una causa de molicie y de afeminación. En tiempos de Felipe II, se prohíbe a los moriscos el uso de los baños públicos. En cuanto a las termas naturales, se utilizaron tradicionalmente siendo muy populares las termas de la Alhama de Almería, las de Zaragoza, Murcia y Granada; su toponimia actual atestigua su uso en esa época.
LA TABLA.
El juego llamado la tabla consistía en que jinetes a galope que lanzaban
con destreza unos palos sobre un blanco de madera. Los combates entre animales fueron
muy populares. Ibn al-Jatib, embajador en la corte mariní, asistió en el año 1351 a una
pelea entre un león y un toro. En Granada se organizaban peleas entre toros y perros,
evocados por el mismo autor, y que fueron los antecedentes de las corridas. A
Muhammad V le gustaban las peleas de animales y según afirman sus poetas, a veces
llegaba incluso a participar. Se conoce la existencia de las corridas de toros entre los
moros españoles desde el siglo X. En la segunda mitad del siglo XIII, el sultán de
Granada celebró la circuncisión de su hijo con una fiesta taurina. Desde principios del
siglo XIV, los granadinos destacaron en los torneos a campo cerrado; Muhammad V de
joven, ya frecuentaba las palestras y exigía que le entregaran lanzas cortas para medirsecon los jinetes más diestros. Las justas se celebraban en las plazas públicas de Granaday era frecuente que caballeros cristianos desafiaran en tierras musulmana. En la región de Jaén, los señores andaluces se entregaban con entusiasmo al juego de cañas. Una embajada granadina ante la corte del rey Juan II, tuvo un notable éxito practicando este tipo de juego. En tiempos de Muhammad VIII, en una carta de origen nasri (fechada el 30 de mayo de 1418) y dirigida a Alfonso V, enumera entre los regalos destinados al rey aragonés, un equipo para el juego de cañas92. Los combatientes que se conocían de otras lides unas veces como compañeros y otras enfrentados, tenían entre sí, muchos de ellos, lazos de parentesco, ya que eran frecuentes los matrimonios mixtos. Además, existía una tácita emulación caballeresca entre cristianos y árabes. Jerónimo Münzer nos ha transmitido una descripción del juego de cañas al que asistió en Granada el 26 de octubre de 1494. El conde de Tendilla, había convocado a los cien jinetes más diestros en una explanada que hay en la Alhambra destinada a estos juegos.
"Divididos en dos cuadrillas, comenzaron los unos a acometer a los contrarios con largas cañas, agudas como lanzas; otros simulando una huida, se cubrían la espalda con adargas y broqueles, persiguiendo a otros, a su vez, y todos ellos montados a la jineta en corceles tan vivos, tan veloces, tan dóciles al freno, que no creo que tengan rival". El juego aunque era peligroso servía de entrenamiento y de simulacro de batalla entre los caballeros. “Después con cañas más cortas, a modo de flechas, y a galope de los caballos, hicieron tiros tan certeros como si los dispararan con ballesta o con
lombarda”.
Alonso de Palencia, citado por Arié (1996) nos relata la táctica del juego de
cañas al evocar una justa disputada en Jerez en honor de los Reyes Católicos. El
pueblo bajo andaluz practicaba juegos más sencillos. Los jóvenes formaban bandas y
los de una calle peleaban con los de la calle vecina, armados con palos y garrotes.
LOS RETOS.
Según el relato de al-Turtusi, la costumbre medieval de los retos lanzados por campeones de ambos bandos, parece que ya se practicaba en España a finales del califato omeya; durante la guerra de Granada en 1491, los jinetes granadinos
y castellanos medían sus fuerzas en duelos celebrados al pie de las murallas de las
plazas sitiadas. Juan de Mata Carriazo (1969), historiador español, interpreta estas
ocasiones caballerescas como una especie de torneo prolongado. En el cuadro de la
batalla de la Higueruela (año 1431), aparecen escaramuzas de diversión, realizadas por
jinetes granadinos. En presencia del califa omeya al-Hakam II (año 975) se celebra en
Córdoba un torneo, donde un grupo de militares distinguidos se habían reunido para
tornear, atacándose unos a otros en broma, jugando con el caballo; se pasó orden a los
militares de que lo hiciesen con más seriedad, con cuidado de no hacerse daño; tuvieron
varios encuentros, de que salieron ilesos, derribándose unos a otros, con gran cuidado
de no herirse. Sin embargo en un momento determinado uno de los jinetes hiere a otro
gravemente. El califa mostró su desaprobación por estos sucesos, encarcelando al
causante de los hechos y enviando regalos a los heridos.
Las principales armas ofensivas eran la lanza y el hacha de arzón con doble filo
para los jinetes y la maza y la pica para los infantes. El alfanje era igual al sable
mencionado por los orientales. Se citan a menudo dagas y puñales y el empleo de
hondas se atestigua ya en la época de Abd-al-Rahman II contra los piratas normandos.
La fabricación de arcos se remontaba a la Alta Edad Media; sólo se utilizaba el arco
árabe hasta que en el siglo XI los guerreros de al-Andalus, comenzaron a usar tambiénla ballesta que se tensaba con los pies. Ibn Hudayl, que vivió en la corte de los sultanes Muhammad V y VII, distingue dos tipos de arcos: los que se manejaban con las armas, los arcos árabes, y los que se tensaban con los pies o los arcos francos. Según el mismo
autor los primeros se adaptaron mejor a la caballería por se más rápidos y menos
costosos y los segundos a los soldados de a pie, debido a su largo alcance sobre todo en
los asedios de plazas, en los combates navales y operaciones similares.
En cuanto a los vestidos protectores, se hacían con tiras de cuero o fieltro muy
grueso, reforzados con placa metálicas que se fijaban sobre algunas superficies; eran
parecidas a las lórigas con mangas que llevaban los castellanos y leoneses. La cota de
mallas, cubría las piernas del jinete. Como protección de la cabeza llevaban un
capuchón de mallas o un capacete de hierro. También se empleaban brafoneras y
espinilleras. El escudo conocido como rodela era circular, pesado y de madera, provisto
a veces con placas y salientes de hierro. Los jinetes iban provistos de adargas, escudos
de pequeño tamaño, hechas de cuero grueso. A partir del siglo XII, el armamento de los
musulmanes estuvo muy influenciado por el cristiano. A finales del siglo XIII el arma
ofensiva más extendida era la lanza gruesa y larga que se sostenía con una mano,
mientras con la otra se llevaba una rodela. El escudo fue el arma defensiva de los
guerreros andaluces, la rodela o escudo circular servía para desviar los golpes del
adversario y con él se defendía tanto al jinete como a su caballo. Los bereberes zenetas
introdujeron en España los broqueles de cuero o adargas fabricados en el norte de
Marruecos con la piel de antílope sahariano, resistente a los sables, lanzas y flechas. La
adarga superaba al escudo cristiano por su flexibilidad ya que se hacía de trozos de
cuero pegados y cosidos entre sí y no estaba tensada sobre ningún armazón de madera.
La superficie exterior de la adarga se adornaba con piezas de metal, redondas y de
donde salían borlas de seda de vivos colores o cordones de bellota. En el famoso cuadro
de la batalla de la Higueruela, los soldados musulmanes, llevan adargas. A partir del
siglo XV los jinetes españoles adoptaron la adarga árabe. Las adargas al igual que el
resto de las armas medievales fueron desapareciendo a finales del siglo XVI, debido a la
aparición de las armas de fuego103. Los bereberes aportaron algunas modificaciones en
el uso de las armas tradicionales; sus jinetes llevaban como únicas armas los alfanjes y
lanzas ligeras; pero con el tiempo se alentó el uso de la ballesta y así Fernando del
Pulgar, al narrar el sitio de Ronda por los Reyes Católicos en 1485, señaló la habilidad
de sus habitantes en el manejo de la ballesta.
JUEGOS MORISCOS.
Como dato histórico digno de mencionar es el hecho que Purchena, municipio de la provincia de Almería, decidiera hace unos años rememorar los juegos moriscos organizados por Aben Humeya en 1569. En pleno fragor de las guerras de las Alpujarras, Purchena se convirtió en la capital y corte de los moriscos
revelados. Fue entonces cuando al rey Aben Humeya se le ocurrió convocar una serie de
competiciones deportivas, musicales y de danza en las que participaron moriscos de
Granada, Baza, Guadix y las Alpujarras, así como soldados llegados de Fez y Turquía.
Las pruebas que se organizan en la actualidad intentan ajustarse con la máxima
fidelidad posible a las competiciones que convocó el rey morisco: lucha, levantamiento
de peso, sostenimiento de ladrillo, carrera de velocidad y tiro con arco. Además, se
organizan también concursos de danza, canto y gastronomía, así como actuaciones
musicales y de teatro.
Los festejos tuvieron lugar, según parece, al final del mes de septiembre en la
plaza ancha y grande. Aben Humeya intentó con su gesto restaurar en todos sus
aspectos la cultura musulmana y su valor testimonial, de cara a la recuperación del
juego deportivo en nuestro país, es muy importante, dado que es el único rasgo histórico
que representa la celebración de unos Juegos en el siglo XVI, cuando el mundo
occidental había olvidado bajo la pisada de los bárbaros la tradición olímpica del mundo
griego. José Acosta Montoro (1997) en un libro titulado “De Olimpia a Purchena”,
recoge el testimonio de las crónicas de Ginés Pérez de Hita en sus “Guerras civiles de
Granada”, utilizando la edición impresa de 1619, Cuenca, pp. 153 y ss. Los juegos
moriscos de Purchena según Pérez de Hita fueron los siguientes:
“Pues es de saber que Abenhumeya, después del cerco de Vera, tan vano a su pretensión, se retiró a Purchena con todo su campo, determinado a aguardar allí a Murcia y su reino, si acaso si fuera le querían seguir, y visto que Lorca y Murcia no le seguían, determinó hacer unas solemnes fiestas de esta forma”:
1. Al que en travada lucha mejor lo hiziese, le daría cien escudos de oro y le coronaría
de hojas de laurel.
2. Más aquel que se mostrase más suelto y corriese más ligero y llegase primero al
puesto disputado, otros cien escudos de oro.
3. Más al que de tres saltos alcançase más tierra por medio le daría otros cien
ducados de oro.
4. Más al que más tiempo sustentase un canto de seis arrobas en el ombro, le daría
cien ducados de oro y un rico alfanxe.
5. Más al que mejor y más gallardamente dançase la zambra con una bella Mora, le
daría ropa de seda fina hecha en Argel.
6. Más a la mora que mejor dançase, le daría una riquísima marlota y quatro
almayzales finos.
7. Más al moro que mejor tañese y cantase a la morisca y mejor canción dixesse o
romance, le daría un hermoso caballo aderezado y enjaezado.
8. Más a la mora que cantase mejor y mejor canción arábiga dixese, le daría una
hermosa marlota guarnecida de oro.
9. Más al moro que mejor tirador fuesse de canto, treinta escudos de oro y un alfanxe.
10. Más el moro que mejor tirase con escopeta o arco le daría diez ducados de oro
11. Más al moro que tirase más derecho y más certero con honda le daría diez ducados
de oro.
12. Todas esta fiestas y cosas se avían de hacer en la Plaça de Purchena, que para
poderlos hacer era muy grande y ancha y para esso mandó que la plaça fuese
aderezada y arenada, y todas las paredes y ventanas entoldadas de ricas telas de
seda y lienços labrados y blancos...,todo lo cual se debía hacer en doce días.
Mandó Abenhumeya que a un lado de la plaça se pusiese un rico doçel de seda y
debaxo del doçel un rico asiento para que él se sentase, y otros asientos de no tanto
valor para sus Capitanes y Cavalleros más allegados”.
BIBLIOGRAFIA:
MUSEO DEL JUEGO . Manuel Hernández Vázquez
lunes, 22 de marzo de 2010
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